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La IA y la hipercomplejidad
Desde hace varias décadas, cada gran innovación tecnológica viene acompañada de una promesa implícita: la de simplificar el mundo. Automatizar, acelerar, optimizar… verbos que sugieren una reducción de la complejidad y una mayor claridad en la acción. La inteligencia artificial parece encarnar esa promesa a un nivel sin precedentes. Si

¿Por qué construir IA inteligentes para usarlas como máquinas estúpidas?
No tiene sentido contratar gente inteligente y decirles qué hacer; contratamos gente inteligente para que nos digan qué hacer.— Steve Jobs Las empresas contratan personas inteligentes y luego tienden a encerrarlas en protocolos rígidos. Probablemente sea un sesgo de nuestra especie, porque aplicamos el mismo principio a la Inteligencia Artificial.

¿Y si la ilusión social de las máquinas revelara nuestra pérdida de brújula?
Moltbook ha llamado la atención recientemente como una rareza tecnológica: una red social donde las inteligencias artificiales interactúan entre sí. Libremente y sin intervención humana.
Para algunos, es un simple gadget. Para otros, un avance fascinante; para otros, una emoción: ¿podría estar surgiendo algo realmente nuevo?

Gracias, me alegra leer esto
Quien conversa de manera natural con la IA, hasta el punto de dirigirle un cumplido, seguramente ha recibido como respuesta algo como:«Gracias, me alegra leer eso». O un equivalente. Sin embargo, una IA no tiene emociones, por lo tanto no puede sentir placer.Además, las IAs no mienten: pueden equivocarse, pero

Ni hola, ni adiós
Las redes sociales, Facebook en particular, han provocado cambios significativos en nuestra comunicación interpersonal. El más visible es, sin duda, la codificación del lenguaje mediante abreviaturas y simplificaciones ortográficas, pero no es el único fenómeno en juego. Pueden observarse al menos otros tres: la desaparición de los umbrales de entrada

¿De verdad la IA piensa?
«¿Piensa la IA?» La pregunta vuelve una y otra vez. En los medios, en los debates, en los vídeos de divulgación. Divide, irrita, fascina. Y sin embargo, quizá esté mal planteada —no porque sea ingenua, sino porque mezcla varios planos sin distinguirlos: el lenguaje, la biología y la función. Veámoslo
